-
¿Ya te vas?-preguntó el chico acostado en la desordenada cama.
Ese
chico se veía cansado, sus mejillas sonrosadas al igual que sus labios y su
cabello castaño estaba completamente revuelto. En su blanca piel se podían
apreciar marcas rojizas, aquellas que se producen cuando demasiada presión se
ejerce sobre un área.
-
Ya te lo dije. Tengo un certamen mañana y debo estudiar.- le respondió distraídamente
el otro muchacho que se encontraba en la habitación.
Él
se veía algo menos desordenado, puesto que se había acomodado el oscuro cabello
y se había secado el sudor de su rostro con las sábanas de la cama. En su piel
no se apreciaba ninguna marca, quizá porque a diferencia del otro chico, la
piel de este era trigueña. Vagaba desnudo por la habitación en aparente
búsqueda de algo perdido.
- Tú
no necesitas estudiar. Si sabes de sobra que ese ramo lo tienes aprobado. Las
ventajas de follarse al profesor, supongo. –se rió el chico desde la cama.
-
Ya te dije que no usaras esa palabra. –dijo el otro sin detenerse en su
búsqueda.
-
¿Cual? –preguntó el chico de cabello castaño, levantando las cejas.
-
Follar. –dijo el otro, en voz baja y rápida, como si tan solo decir la palabra
le fuera una tarea difícil.
-
Jajaja, lo olvidaba. ¿Cuál era la otra palabra que no te gustaba?- se burló el
chico desde la cama.
-
Fornicar…
-
Eres raro, sabes. Odias las palabras que describen tus acciones, mas no por eso
dejas de hacerlo.- dijo el chico de cabello castaño, poniéndose boca arriba y
apoyando su cabeza en los brazos
- Ahórrate
tus comentarios. Tú no eres quien para juzgarme.-replicó el chico de cabello
oscuro, echándole una breve mirada de molestia al otro.
- Quizá.
¿Qué buscas a todo esto?-le consultó el muchacho girando la cabeza y mirando el
desnudo cuerpo de su compañero, mientras revisaba una y otra vez la habitación.
-
Mi bóxer. No sé donde lo dejaste después de quitármelo.- respondió el muchacho,
poniéndose de rodillas para revisar bajo la cama.
-
¿Te refieres a esto que tengo en mi mano?-dijo el otro muchacho, haciendo girar
la prenda de color azul marino en la punta de sus dedos.
- Dámelo,
Marco.-ordenó el otro.
-
Te los cambio por un beso.- ofreció Marco, el chico de cabello castaño con una
sonrisa.
- ¿Qué
no habíamos llegado a un acuerdo de nada de caricias una vez que hubiéramos
acabado? –preguntó el chico de cabello oscuro, con un dejo de fastidio en su
voz.
-
Mi memoria me falla a veces. –respondió Marco, poniendo cara de que no tenía
idea de lo que el otro hablaba.
-
Que mal. –murmuró el chico, sin una pizca de empatía en su tono.
-
¿Y? ¿Me los cambias por un beso? No es por amenazarte pero si no aceptas tendrás
que andar a lo americano. –señaló Marco.
- Quédatelos.
–le espetó el chico, comenzando a ponerse sus jeans.
-
¿Prefieres caminar por ahí sin ropa interior a besarme? –se asombró Marco,
dejando de girar el bóxer.
- Ese
tipo de preguntas ya las he respondido demasiadas veces. –dijo con hastío el
chico de cabello oscuro.
- Respóndemela
otra vez.- insistió Marco, poniendo una expresión seria en la cara.
-
Ya te lo dije.- murmuró en voz baja el chico mientras alejaba la vista del
rostro de su compañero.
-
¿Sexo sin amor entonces? –preguntó Marco, entrecerrando los ojos y con un tono
algo disgustado en su voz.
-
Exacto. Qué bueno que lo recuerdes.- corroboró el chico.
- Eres
tan frio a veces. –le dijo Marco sin reparos y sin mirarlo.
-
Lo sé. –reconoció el chico mientras se ponía su camiseta.
-
Es una las características que te hace atractivo, supongo. –reconoció Marco, a
su vez, dejando escapar un suspiro.
-
Ya basta.- dijo el chico con voz cortante.
-
¿O qué? ¿Te vas a ruborizar? –pregunto Marco mirando fijamente al chico, con
esperanzas de ver alguna señal de rubor en sus mejillas.
-
Me voy. –sentenció el chico de cabello oscuro, cuando acabo de atar sus zapatillas.
El
chico de cabello oscuro y piel trigueña se dirigió con paso decidido hacia la
puerta pero justo cuando había tocado el pomo de la puerta, la voz de Marco lo
detuvo.
-
Javier…
El
chico, Javier, se volteo a mirar a Marco que se encontraba sentado en la cama
sin mirarlo. Javier supo en ese instante que no quería escuchar lo que Marco
tuviera que decir, sin embargo se quedo ahí, con la mano en el pomo de la
puerta. Marco giró su rostro y miró directamente a los ojos de Javier.
-
Tu sabes… tu sabes, que yo siempre estaré aquí para ti, ¿verdad?
-
Lo sé.- respondió Javier bajando la vista.
Un
incomodo silencio invadió la habitación. Javier sabía que tenía que hacer algo,
pero la verdad no quería. Si lo hacia se vería involucrado en lo que a toda
costa trataba de evitar. En cambio, si no hacía nada se sentiría miserable y
después ya no podría hacer algo al respecto.
-
Javier… yo te quiero, ¿sabes?
Eso
era justo lo que Javier no quería oír. Esas malditas palabras que lo
encadenaban a Marco, a ese dilema del que había tratado de escapar con toda su
fuerza, a esa pregunta que había intentado no hacerse.
Esas
simples palabras hicieron que Javier se plantara donde estaba en silencio,
pensando en sus alternativas de respuesta. Si no decía nada, se iba o respondía
con una negativa se sentiría mal por Marco, puesto que Javier no carecía de
sentimientos y no le gustaba hacer daño a las personas. Pero si respondía
positivamente se vería involucrado en una relación amorosa… y la sola idea de
eso a Javier no le atraía en lo mas mínimo.
Sin estar seguro de lo que estaba haciendo,
Javier se volteó y se acercó al chico desnudo en la cama, intentando evadir sus
ojos en todo momento. Tomó entre sus manos la sonrosada cara de Marco y le besó
en los labios.
Javier creyó que con ese beso podría escapar de su responsabilidad. Podría dejar que Marco pensara lo que quisiera, que sacara sus propias conclusiones, de manera que si Marco volvía a sacar el tema y le recriminaba algo, Javier podría lavarse las manos diciendo que él jamás prometió nada.
Pero
no todo salió como planeaba, ya que el beso se extendió por más tiempo del que
pretendía y fue aumentando en intensidad a cada segundo. De improviso Javier
sintió una extraña sensación en su interior, un calor que no tenía nada que ver
con el vestigio del calor que le había dejado el rato que estuvo en la cama con
Marco. No, la sensación fue diferente, una mezcla de deseo, júbilo y bienestar.
Sintió la necesidad de separarse de Marco y expresarle en palabras el
maravilloso sentimiento que surgió en su interior.
En
vez de decir algo, Javier juntó su cuerpo contra el de Marco en la cama, aun
sin terminar ese beso que parecía eterno. Aún a través de la ropa, Javier percibió
como el cuerpo de Marco volvía a arder con pasión y lujuria, notando también
como el suyo se volvía a encender ante el contacto con el cuerpo desnudo de
Marco.
Sin
embargo lo que prometía ser el mejor encuentro sexual en la vida de Javier y de
Marco, termino en un rotundo fracaso, ya que Javier se separó súbitamente y se
levantó para retirarse de la habitación antes de que la cosa pasara a mayores.
Javier no quería cometer ninguna locura en el estado que se encontraba en ese
momento, y su boca estaba a punto de pronunciar tres palabras que lo
condenarían eternamente.
Javier
caminó rápidamente hacia la puerta sin mirar atrás y tratando de desconectar su
sentido auditivo para no escuchar nada de lo que Marco tuviera que decir.
Trató, también, de morderse la lengua para no decir esas tres palabras que
guerreaban por salir de su interior.