martes, 6 de marzo de 2012

Relato 1, segunda parte: Sexo sin amor


Javier se alejo de la casa de Marco y se encamino hacia la universidad en vez de irse a su casa. Aun era temprano, 4 o 5 de la tarde y esperaba que el ajetreo de la gente yendo y viniendo de un lado para oro hablando trivialidades le distrajera de esas tonterías que estaba pensando. Quizá deambular sin un lugar preciso donde ir lo distraería de sus sentimientos. Creyó que quizá un poco de estudio en la biblioteca alejaría a Marco de sus pensamientos, mas decidió pasar de la idea al descubrirse a si mismo pensando que Marco tenía razón, ese ramo ya lo tenía aprobado.

Y aun tratando de alejar a Marco de sus pensamientos, Javier se encontraba pensando en él. Como odiaba a Marco por ponerlo en tal aprieto, como se odiaba a si mismo por no poder alejar los sentimientos de su corazón…

Cuando Marco y Javier comenzaron a tener sexo hacia dos años la cosa había quedado clara entre los dos: solo iban a tener sexo y nada más. Nada de cariño, amor, celos, y mucho menos un noviazgo. Javier no creía que esas cosas funcionaran. Al menos no para los homosexuales, no. Javier creía que esas estupideces cursi estaban reservadas exclusivamente para los heterosexuales. Para Javier solo existía la pasión, la lujuria y el placer del momento, y si ambas personas la pasaban bien, bueno, la experiencia se repetía. Él le había dejado en claro todo eso a Marco después de que lo hicieron la primera vez, y Marco había aceptado a todo los términos… pero ahora el muy maldito lo había arruinado todo, porque su estúpida declaración había despertado sentimientos similares en Javier.
         
Javier caminó sin fijarse por donde iba, inmerso en sus pensamientos, por lo que chocó con varias personas en el camino, sin pedirle disculpas a ninguna. No había ninguna forma de sacarse a Marco de la cabeza, cada cosa que pensaba lo llevaba de vuelta a esa habitación que acababa de abandonar.
         
Había alcanzado la biblioteca de la universidad cuando Javier decidió volver tras sus pasos para dirigirse a un pub que había a unas cuadras de la universidad, conocido porque sus clientes habituales solían ser de índole “alternativa”. Tal vez un revolcón con algún desconocido sexy sumado a un par de cervezas le sacaría a Marco de la cabeza.
         
Javier se encontraba a mitad de camino cuando escucho que gritaban su nombre. Al voltearse vio a un chico de su edad de nombre Miguel acercándose a él.
         
-  ¿Qué tal, compadre? –le saludo Miguel, con una sonrisa y estrechando su mano.

- Bien por acá, ¿qué tal tú? –le preguntó Javier.

- Pésimo, amigo, pésimo. – se quejó Miguel poniendo cara de sufrimiento. -No di una en el certamen de Cálculo.
         
- ¿Pero que acaso no te estuve enseñando Cálculo el otro día? Dijiste que habías entendido todo – se extraño Javier.
         
- Es que no contaba que surgieran algunos… contratiempos. –se excusó Miguel con una sonrisa de disculpa.
         
- ¿Qué contratiempos? –inquirió Javier con una mirada acusadora.
         
Ambos chicos se conocían hacia un par de años, de hecho ambos cursaban la misma carrera en la universidad, aunque Miguel iba un año por debajo de Javier y tenia algunos problemas con algunas asignaturas, por lo que recurría a Javier para que lo ayudara. Sin embargo, ese no era el principal problema de Miguel y Javier ya sabía que eran esos “contratiempos”.
         
- No sabes, al profesor le está ayudando un alumno de último año y es increíblemente lindo. – explicó Miguel, cuyo rostro se ilumino con una sonrisa.
         
- ¿Y que tiene que ver eso con que te haya ido mal en el certamen?
         
- Es que… pasé la mitad del tiempo mirándolo y la otra mitad imaginando como seria acostarse con él. –reconoció Miguel avergonzado.
         
Javier suspiró y se llevó la mano a la frente, decidiendo no decir nada. Sabía que la debilidad de Miguel eran los hombres atractivos y no importaba que hiciera o dijera, Miguel seguiría distrayéndose mirándolos sin espabilar nunca. De hecho uno de los momentos más hilarantes que Javier recordaba había sucedido cuando Miguel chocó contra un poste por girarse a mirar a un hombre en la calle.
         
- A propósito, ¿dónde vas? –quiso saber Miguel.
         
- A “La Casa”.
         
- ¿A esta hora? ¿A qué vas? – se extraño Miguel.
         
- A estudiar para el certamen de mañana. –contestó Javier sarcásticamente.
         
- ¿Estudiar? ¿Para que estudias si te follaste al profesor? Después de ese revolcón que me contaste, el profesor no te reprobaría ni aunque tuvieras todo malo. – se carcajeó Miguel.
         
- No digas esa palabra. –le regañó Javier, preguntándose porque todos usaban esa maldita palabra para referirse al encuentro que él tuvo con ese profesor.
         
- Oh, disculpa, verdad que tu “hiciste el amor” con el profesor. –se burló Miguel.
         
Javier decidió guardar un silencio digno, en el que reflexionó porqué había dejado que la gente se enterara de lo que había pasado entre él y el profesor. Miguel también guardo silencio pero a la vez se acerco para caminar más cerca de Javier.
         
Después de un minuto de caminar en silencio y evadiendo a las personas que se dirigían a clase o de vuelta a casa, el silencio fue roto por Miguel.
         
- Eres tú, ¿verdad?- dijo Miguel deteniéndose.
         
-  ¿Disculpa? –pregunto Javier extrañado, volteándose a verle.
         
- Ese aroma.
         
- ¿De que estas hablando? –preguntó Javier, a la vez que tomo el cuello de su polerón, olfateándolo. Se dio cuenta de inmediato que estaba impregnado en el perfume costoso de Marco.
         
- Hablo de ese aroma que despides. Es de un perfume que ni tu ni yo juntos podríamos comprar.
         
- ¿Y qué pasa si huelo así? - Javier emitió su pregunta desafiantemente.
         
- Estuviste con Marco otra vez. –le respondió Miguel, emitiendo una risita maliciosa.
         
Como las evidencias lo delataban, Javier decidió decir la verdad. Sin embargo puso especial cuidado en que su voz sonara casual, como si el encuentro con Marco había sido algo sin importancia.
         
- Si, estuve con él. ¿Algún problema?
         
- Mas que un problema, me surgen dudas con respecto a tu relación con Marco. ¿Por qué él? Quiero decir, te has acostado con hombres mejores y que además estaban interesados en ti pero siempre los rechazas. Más para Marco siempre estás disponible.
         
Javier pensó un momento antes de responderle. Una parte de él quería contarle a Miguel lo que estaba sintiendo en ese momento con respecto al tema de Marco, para que le diera un consejo. Sin embargo, decidió solo responder con parte de la verdad.
         
- Tenemos buena química en la cama. Ambos lo pasamos bien o quizá más que bien.
         
- Pero… ¿no será por otra cosa que estas con él? –quiso saber Miguel, mirando a Javier, expectante a una mirada o palabra que podía delatar lo que de verdad sentía. -¿Quizá tiene algo que los demás no tienen?
         
- ¿Qué cosa iba a ser eso? –Javier solía responder una pregunta con otra cuando quería ganar algo de tiempo para pensar mejor sus respuestas.
        
- No se… ¿dinero, quizá? –sugirió Miguel no muy convencido.

- ¿Dinero? –repitió Javier con una carcajada. –Lo reconozco, Marco debe ser el tipo más adinerado que he conocido. Pero no, no me interesa su dinero.
         
- Veamos, ¿interés académico?
         
- Ni siquiera se a que te refieres con eso.
- Bueno… ¿quizá será que le guardas algún cariño? -sugirió Miguel perspicazmente.
         
Javier se puso nervioso. No contestó de inmediato puesto que necesitaba tranquilizarse un poco. Pensándolo bien, no quería que Miguel supiera lo que sentía ya que se pondría insoportable al intentar ayudarle, podía llegar incluso a contarle a Marco lo que Javier pensaba y sentía.
         
- ¿Co… como crees? Mira, Marco y yo tenemos un acuerdo. Solo sexo y nada de amor. Aun si yo sintiera algo por él, el no está obligado a sentir nada por mí. –respondió evasivamente Javier, poniendo cuidado en que su respuesta no fuera ni positiva ni negativa.
         
- Yo creo que hay una probabilidad de que Marco sienta algo por ti. –dijo Miguel, como quien no quiere la cosa.
         
- Bueno yo creo que no. –dijo Javier cortante. A pesar de que Miguel hablaba casualmente, sus sugerencias iban demasiado bien encaminadas por lo que decidió zanjar el tema lo antes posible.
         
- Pero…
         
- Mira, Miguel, córtala. No tengo ganas de hablar de mi vida sexual ahora. –le cortó Javier.
         
- Esta bien pero tengo una última pregunta.
         
- ¿Y cuál sería? –inquirió Javier, reacio a contestársela pero con algo de curiosidad de saber lo que iba a preguntarle.
         
- ¿Por qué él y no yo? Has estado con Marco un montón de veces y conmigo una que no duro ni 15 minutos. –se quejó Miguel con una expresión resentida.
         
- Ya te dije que yo no soy pasivo. –le aclaró Javier por centésima vez, a la vez que bajaba algo la voz porque iba un grupo más o menos numeroso de gente unos metros más adelante.
         
- Aunque no lo seas, podrías hacer otras… cosas. –le dijo  Miguel, bajando la voz también y mirando al grupo de personas.
        
- Yo no le hago a esas cosas. –declaró Javier, que sabía muy bien a lo que se refería.
         
- ¿Entonces como se supone que satisfaces a Marco si no le das ni una mamada? No puede quedar satisfecho solo con un par de besos y una follada. –dijo Miguel, sin moderar su tono de voz.
         
- Baja la voz, ¿quieres? –suplicó Javier al ver que varios de los estudiantes que iban más adelante se voltearon a verlos extrañados.
         
- Ups, disculpa.
         
Siguieron caminando en silencio, ambos sumergidos en sus propios pensamientos. Javier reflexionaba acerca de lo que Miguel había dicho. Quizá tenía razón: nadie podía quedar satisfecho con un par de besos y una follada. Javier se sintió algo culpable al darse cuenta que en todas las ocasiones que había estado con Marco, jamás se había preocupado si había quedado satisfecho. Al llegar a la facultad de Ingeniería, Miguel volvió a romper el silencio cuando se despidió de Javier

- Bueno amigo, tengo que hacer acá en la facultad. Que te vaya bien en “La Casa”. No bebas demasiado y no seduzcas a todos los tipos lindos. Deja algunos para mi ¿quieres? –dijo extendiendo su mano hacia Javier.

- Lo intentaré. –le respondió Javier, tomando la mano extendida de Miguel.

- Ah, y éxito en tu certamen de mañana. –deseó Miguel.

- Gracias, hasta luego, Miguel. –se despidió Javier, volteándose y comenzando a caminar, solo para detenerse al oír a Miguel decirle a sus espaldas

- Te aconsejo que le confieses a Marco lo que sientes.

Javier pensó un segundo en que podría responder pero en vez de responder sarcásticamente o mentir, solo repitió sin mirar a Miguel:

- Lo intentaré.  

viernes, 17 de febrero de 2012

Relato 1, primera parte: Sexo sin amor

- ¿Ya te vas?-preguntó el chico acostado en la desordenada cama.

Ese chico se veía cansado, sus mejillas sonrosadas al igual que sus labios y su cabello castaño estaba completamente revuelto. En su blanca piel se podían apreciar marcas rojizas, aquellas que se producen cuando demasiada presión se ejerce sobre un área.

- Ya te lo dije. Tengo un certamen mañana y debo estudiar.- le respondió distraídamente el otro muchacho que se encontraba en la habitación.

Él se veía algo menos desordenado, puesto que se había acomodado el oscuro cabello y se había secado el sudor de su rostro con las sábanas de la cama. En su piel no se apreciaba ninguna marca, quizá porque a diferencia del otro chico, la piel de este era trigueña. Vagaba desnudo por la habitación en aparente búsqueda de algo perdido.

- Tú no necesitas estudiar. Si sabes de sobra que ese ramo lo tienes aprobado. Las ventajas de follarse al profesor, supongo. –se rió el chico desde la cama.

- Ya te dije que no usaras esa palabra. –dijo el otro sin detenerse en su búsqueda.

- ¿Cual? –preguntó el chico de cabello castaño, levantando las cejas.

- Follar. –dijo el otro, en voz baja y rápida, como si tan solo decir la palabra le fuera una tarea difícil.

- Jajaja, lo olvidaba. ¿Cuál era la otra palabra que no te gustaba?- se burló el chico desde la cama.

- Fornicar…

- Eres raro, sabes. Odias las palabras que describen tus acciones, mas no por eso dejas de hacerlo.- dijo el chico de cabello castaño, poniéndose boca arriba y apoyando su cabeza en los brazos

- Ahórrate tus comentarios. Tú no eres quien para juzgarme.-replicó el chico de cabello oscuro, echándole una breve mirada de molestia al otro.

- Quizá. ¿Qué buscas a todo esto?-le consultó el muchacho girando la cabeza y mirando el desnudo cuerpo de su compañero, mientras revisaba una y otra vez la habitación.

- Mi bóxer. No sé donde lo dejaste después de quitármelo.- respondió el muchacho, poniéndose de rodillas para revisar bajo la cama.

- ¿Te refieres a esto que tengo en mi mano?-dijo el otro muchacho, haciendo girar la prenda de color azul marino en la punta de sus dedos.

- Dámelo, Marco.-ordenó el otro.

- Te los cambio por un beso.- ofreció Marco, el chico de cabello castaño con una sonrisa.

- ¿Qué no habíamos llegado a un acuerdo de nada de caricias una vez que hubiéramos acabado? –preguntó el chico de cabello oscuro, con un dejo de fastidio en su voz.

- Mi memoria me falla a veces. –respondió Marco, poniendo cara de que no tenía idea de lo que el otro hablaba.

- Que mal. –murmuró el chico, sin una pizca de empatía en su tono.

- ¿Y? ¿Me los cambias por un beso? No es por amenazarte pero si no aceptas tendrás que andar a lo americano. –señaló Marco.

- Quédatelos. –le espetó el chico, comenzando a ponerse sus jeans.

- ¿Prefieres caminar por ahí sin ropa interior a besarme? –se asombró Marco, dejando de girar el bóxer.

- Ese tipo de preguntas ya las he respondido demasiadas veces. –dijo con hastío el chico de cabello oscuro.

- Respóndemela otra vez.- insistió Marco, poniendo una expresión seria en la cara.

- Ya te lo dije.- murmuró en voz baja el chico mientras alejaba la vista del rostro de su compañero.

- ¿Sexo sin amor entonces? –preguntó Marco, entrecerrando los ojos y con un tono algo disgustado en su voz.

- Exacto. Qué bueno que lo recuerdes.- corroboró el chico.

- Eres tan frio a veces. –le dijo Marco sin reparos y sin mirarlo.

- Lo sé. –reconoció el chico mientras se ponía su camiseta.

- Es una las características que te hace atractivo, supongo. –reconoció Marco, a su vez, dejando escapar un suspiro.

- Ya basta.- dijo el chico con voz cortante.

- ¿O qué? ¿Te vas a ruborizar? –pregunto Marco mirando fijamente al chico, con esperanzas de ver alguna señal de rubor en sus mejillas.

- Me voy. –sentenció el chico de cabello oscuro, cuando acabo de atar sus zapatillas.

El chico de cabello oscuro y piel trigueña se dirigió con paso decidido hacia la puerta pero justo cuando había tocado el pomo de la puerta, la voz de Marco lo detuvo.

- Javier…

El chico, Javier, se volteo a mirar a Marco que se encontraba sentado en la cama sin mirarlo. Javier supo en ese instante que no quería escuchar lo que Marco tuviera que decir, sin embargo se quedo ahí, con la mano en el pomo de la puerta. Marco giró su rostro y miró directamente a los ojos de Javier.

- Tu sabes… tu sabes, que yo siempre estaré aquí para ti, ¿verdad?

- Lo sé.- respondió Javier bajando la vista.

Un incomodo silencio invadió la habitación. Javier sabía que tenía que hacer algo, pero la verdad no quería. Si lo hacia se vería involucrado en lo que a toda costa trataba de evitar. En cambio, si no hacía nada se sentiría miserable y después ya no podría hacer algo al respecto.

- Javier… yo te quiero, ¿sabes?

Eso era justo lo que Javier no quería oír. Esas malditas palabras que lo encadenaban a Marco, a ese dilema del que había tratado de escapar con toda su fuerza, a esa pregunta que había intentado no hacerse.

Esas simples palabras hicieron que Javier se plantara donde estaba en silencio, pensando en sus alternativas de respuesta. Si no decía nada, se iba o respondía con una negativa se sentiría mal por Marco, puesto que Javier no carecía de sentimientos y no le gustaba hacer daño a las personas. Pero si respondía positivamente se vería involucrado en una relación amorosa… y la sola idea de eso a Javier no le atraía en lo mas mínimo.

Sin estar seguro de lo que estaba haciendo, Javier se volteó y se acercó al chico desnudo en la cama, intentando evadir sus ojos en todo momento. Tomó entre sus manos la sonrosada cara de Marco y le besó en los labios.


Javier creyó que con ese beso podría escapar de su responsabilidad. Podría dejar que Marco pensara lo que quisiera, que sacara sus propias conclusiones, de manera que si Marco volvía a sacar el tema y le recriminaba algo, Javier podría lavarse las manos diciendo que él jamás prometió nada.

Pero no todo salió como planeaba, ya que el beso se extendió por más tiempo del que pretendía y fue aumentando en intensidad a cada segundo. De improviso Javier sintió una extraña sensación en su interior, un calor que no tenía nada que ver con el vestigio del calor que le había dejado el rato que estuvo en la cama con Marco. No, la sensación fue diferente, una mezcla de deseo, júbilo y bienestar. Sintió la necesidad de separarse de Marco y expresarle en palabras el maravilloso sentimiento que surgió en su interior.

En vez de decir algo, Javier juntó su cuerpo contra el de Marco en la cama, aun sin terminar ese beso que parecía eterno. Aún a través de la ropa, Javier percibió como el cuerpo de Marco volvía a arder con pasión y lujuria, notando también como el suyo se volvía a encender ante el contacto con el cuerpo desnudo de Marco.

Sin embargo lo que prometía ser el mejor encuentro sexual en la vida de Javier y de Marco, termino en un rotundo fracaso, ya que Javier se separó súbitamente y se levantó para retirarse de la habitación antes de que la cosa pasara a mayores. Javier no quería cometer ninguna locura en el estado que se encontraba en ese momento, y su boca estaba a punto de pronunciar tres palabras que lo condenarían eternamente.

Javier caminó rápidamente hacia la puerta sin mirar atrás y tratando de desconectar su sentido auditivo para no escuchar nada de lo que Marco tuviera que decir. Trató, también, de morderse la lengua para no decir esas tres palabras que guerreaban por salir de su interior. 

Bienvenido :D

¡Hola a todos! 
Bueno, para empezar, bienvenidos a mi blog. Un gusto que te hayas dado el tiempo para echarle una miradita.
Ahora, acá encontraran relatos que son 100% mi autoría... ¿ temática? Pues, son relatos gay, así que pueden asumir que no son cuentos para niños. En cada uno de ellos se podrán  encontrar con lenguaje fuerte, sexo y consumo de tabaco y alcohol, pero sin caer en lo vulgar. Así que si tienes algún problema con algún tema, pues no sigas leyendo. Si no es así, ojala disfrutes mis relatos.


Bueno, para finalizar, gracias por tu visita y cualquier comentario será bien recibido.