Javier se alejo de la casa de Marco y
se encamino hacia la universidad en vez de irse a su casa. Aun era temprano, 4
o 5 de la tarde y esperaba que el ajetreo de la gente yendo y viniendo de un
lado para oro hablando trivialidades le distrajera de esas tonterías que estaba
pensando. Quizá deambular sin un lugar preciso donde ir lo distraería de sus
sentimientos. Creyó que quizá un poco de estudio en la biblioteca alejaría a
Marco de sus pensamientos, mas decidió pasar de la idea al descubrirse a si
mismo pensando que Marco tenía razón, ese ramo ya lo tenía aprobado.
Y aun tratando de alejar a Marco de sus
pensamientos, Javier se encontraba pensando en él. Como odiaba a Marco por
ponerlo en tal aprieto, como se odiaba a si mismo por no poder alejar los
sentimientos de su corazón…
Cuando Marco y Javier comenzaron a
tener sexo hacia dos años la cosa había quedado clara entre los dos: solo iban
a tener sexo y nada más. Nada de cariño, amor, celos, y mucho menos un
noviazgo. Javier no creía que esas cosas funcionaran. Al menos no para los
homosexuales, no. Javier creía que esas estupideces cursi estaban reservadas
exclusivamente para los heterosexuales. Para Javier solo existía la pasión, la
lujuria y el placer del momento, y si ambas personas la pasaban bien, bueno, la
experiencia se repetía. Él le había dejado en claro todo eso a Marco después de
que lo hicieron la primera vez, y Marco había aceptado a todo los términos…
pero ahora el muy maldito lo había arruinado todo, porque su estúpida
declaración había despertado sentimientos similares en Javier.
Javier caminó sin fijarse por donde
iba, inmerso en sus pensamientos, por lo que chocó con varias personas en el
camino, sin pedirle disculpas a ninguna. No había ninguna forma de sacarse a
Marco de la cabeza, cada cosa que pensaba lo llevaba de vuelta a esa habitación
que acababa de abandonar.
Había alcanzado la biblioteca de la
universidad cuando Javier decidió volver tras sus pasos para dirigirse a un pub
que había a unas cuadras de la universidad, conocido porque sus clientes
habituales solían ser de índole “alternativa”. Tal vez un revolcón con algún
desconocido sexy sumado a un par de cervezas le sacaría a Marco de la cabeza.
Javier se encontraba a mitad de camino
cuando escucho que gritaban su nombre. Al voltearse vio a un chico de su edad
de nombre Miguel acercándose a él.
-
¿Qué tal, compadre? –le saludo Miguel, con una sonrisa y estrechando su
mano.
- Bien por acá, ¿qué tal tú? –le preguntó Javier.
- Pésimo, amigo, pésimo. – se quejó Miguel poniendo cara de
sufrimiento. -No di una en el certamen de Cálculo.
- ¿Pero que acaso no te estuve
enseñando Cálculo el otro día? Dijiste que habías entendido todo – se extraño
Javier.
- Es que no contaba que surgieran
algunos… contratiempos. –se excusó Miguel con una sonrisa de disculpa.
- ¿Qué contratiempos? –inquirió Javier
con una mirada acusadora.
Ambos chicos se conocían hacia un par
de años, de hecho ambos cursaban la misma carrera en la universidad, aunque
Miguel iba un año por debajo de Javier y tenia algunos problemas con algunas
asignaturas, por lo que recurría a Javier para que lo ayudara. Sin embargo, ese
no era el principal problema de Miguel y Javier ya sabía que eran esos
“contratiempos”.
- No sabes, al profesor le está
ayudando un alumno de último año y es increíblemente lindo. – explicó Miguel,
cuyo rostro se ilumino con una sonrisa.
- ¿Y que tiene que ver eso con que te
haya ido mal en el certamen?
- Es que… pasé la mitad del tiempo
mirándolo y la otra mitad imaginando como seria acostarse con él. –reconoció
Miguel avergonzado.
Javier suspiró y se llevó la mano a la
frente, decidiendo no decir nada. Sabía que la debilidad de Miguel eran los hombres
atractivos y no importaba que hiciera o dijera, Miguel seguiría distrayéndose
mirándolos sin espabilar nunca. De hecho uno de los momentos más hilarantes que
Javier recordaba había sucedido cuando Miguel chocó contra un poste por girarse
a mirar a un hombre en la calle.
- A propósito, ¿dónde vas? –quiso saber
Miguel.
- A “La Casa”.
- ¿A esta hora? ¿A qué vas? – se
extraño Miguel.
- A estudiar para el certamen de
mañana. –contestó Javier sarcásticamente.
- ¿Estudiar? ¿Para que estudias si te
follaste al profesor? Después de ese revolcón que me contaste, el profesor no
te reprobaría ni aunque tuvieras todo malo. – se carcajeó Miguel.
- No digas esa palabra. –le regañó
Javier, preguntándose porque todos usaban esa maldita palabra para referirse al
encuentro que él tuvo con ese profesor.
- Oh, disculpa, verdad que tu “hiciste
el amor” con el profesor. –se burló Miguel.
Javier decidió guardar un silencio
digno, en el que reflexionó porqué había dejado que la gente se enterara de lo
que había pasado entre él y el profesor. Miguel también guardo silencio pero a
la vez se acerco para caminar más cerca de Javier.
Después de un minuto de caminar en
silencio y evadiendo a las personas que se dirigían a clase o de vuelta a casa,
el silencio fue roto por Miguel.
- Eres tú, ¿verdad?- dijo Miguel
deteniéndose.
-
¿Disculpa? –pregunto Javier extrañado, volteándose a verle.
- Ese aroma.
- ¿De que estas hablando? –preguntó
Javier, a la vez que tomo el cuello de su polerón, olfateándolo. Se dio cuenta
de inmediato que estaba impregnado en el perfume costoso de Marco.
- Hablo de ese aroma que despides. Es
de un perfume que ni tu ni yo juntos podríamos comprar.
- ¿Y qué pasa si huelo así? - Javier
emitió su pregunta desafiantemente.
- Estuviste con Marco otra vez. –le
respondió Miguel, emitiendo una risita maliciosa.
Como las evidencias lo delataban,
Javier decidió decir la verdad. Sin embargo puso especial cuidado en que su voz
sonara casual, como si el encuentro con Marco había sido algo sin importancia.
- Si, estuve con él. ¿Algún problema?
- Mas que un problema, me surgen dudas
con respecto a tu relación con Marco. ¿Por qué él? Quiero decir, te has acostado
con hombres mejores y que además estaban interesados en ti pero siempre los
rechazas. Más para Marco siempre estás disponible.
Javier pensó un momento antes de
responderle. Una parte de él quería contarle a Miguel lo que estaba sintiendo
en ese momento con respecto al tema de Marco, para que le diera un consejo. Sin
embargo, decidió solo responder con parte de la verdad.
- Tenemos buena química en la cama.
Ambos lo pasamos bien o quizá más que bien.
- Pero… ¿no será por otra cosa que
estas con él? –quiso saber Miguel, mirando a Javier, expectante a una mirada o
palabra que podía delatar lo que de verdad sentía. -¿Quizá tiene algo que los
demás no tienen?
- ¿Qué cosa iba a ser eso? –Javier solía
responder una pregunta con otra cuando quería ganar algo de tiempo para pensar
mejor sus respuestas.
- No se… ¿dinero, quizá? –sugirió
Miguel no muy convencido.
- ¿Dinero? –repitió Javier con una
carcajada. –Lo reconozco, Marco debe ser el tipo más adinerado que he conocido.
Pero no, no me interesa su dinero.
- Veamos, ¿interés académico?
- Ni siquiera se a que te refieres con
eso.
- Bueno… ¿quizá será que le guardas algún cariño? -sugirió Miguel
perspicazmente.
Javier se puso nervioso. No contestó de
inmediato puesto que necesitaba tranquilizarse un poco. Pensándolo bien, no
quería que Miguel supiera lo que sentía ya que se pondría insoportable al intentar
ayudarle, podía llegar incluso a contarle a Marco lo que Javier pensaba y
sentía.
- ¿Co… como crees? Mira, Marco y yo
tenemos un acuerdo. Solo sexo y nada de amor. Aun si yo sintiera algo por él,
el no está obligado a sentir nada por mí. –respondió evasivamente Javier,
poniendo cuidado en que su respuesta no fuera ni positiva ni negativa.
- Yo creo que hay una probabilidad de
que Marco sienta algo por ti. –dijo Miguel, como quien no quiere la cosa.
- Bueno yo creo que no. –dijo Javier
cortante. A pesar de que Miguel hablaba casualmente, sus sugerencias iban
demasiado bien encaminadas por lo que decidió zanjar el tema lo antes posible.
- Pero…
- Mira, Miguel, córtala. No tengo ganas
de hablar de mi vida sexual ahora. –le cortó Javier.
- Esta bien pero tengo una última
pregunta.
- ¿Y cuál sería? –inquirió Javier,
reacio a contestársela pero con algo de curiosidad de saber lo que iba a
preguntarle.
- ¿Por qué él y no yo? Has estado con
Marco un montón de veces y conmigo una que no duro ni 15 minutos. –se quejó
Miguel con una expresión resentida.
- Ya te dije que yo no soy pasivo. –le
aclaró Javier por centésima vez, a la vez que bajaba algo la voz porque iba un
grupo más o menos numeroso de gente unos metros más adelante.
- Aunque no lo seas, podrías hacer
otras… cosas. –le dijo Miguel, bajando
la voz también y mirando al grupo de personas.
- Yo no le hago a esas cosas. –declaró
Javier, que sabía muy bien a lo que se refería.
- ¿Entonces como se supone que
satisfaces a Marco si no le das ni una mamada? No puede quedar satisfecho solo
con un par de besos y una follada. –dijo Miguel, sin moderar su tono de voz.
- Baja la voz, ¿quieres? –suplicó
Javier al ver que varios de los estudiantes que iban más adelante se voltearon
a verlos extrañados.
- Ups, disculpa.
Siguieron caminando en silencio, ambos
sumergidos en sus propios pensamientos. Javier reflexionaba acerca de lo que
Miguel había dicho. Quizá tenía razón: nadie podía quedar satisfecho con un par
de besos y una follada. Javier se sintió algo culpable al darse cuenta que en
todas las ocasiones que había estado con Marco, jamás se había preocupado si
había quedado satisfecho. Al llegar a la facultad de Ingeniería, Miguel volvió
a romper el silencio cuando se despidió de Javier
- Bueno amigo, tengo que hacer acá en la facultad. Que te vaya bien en
“La Casa”. No bebas demasiado y no seduzcas a todos los tipos lindos. Deja
algunos para mi ¿quieres? –dijo extendiendo su mano hacia Javier.
- Lo intentaré. –le respondió Javier, tomando la mano extendida de
Miguel.
- Ah, y éxito en tu certamen de mañana. –deseó Miguel.
- Gracias, hasta luego, Miguel. –se despidió Javier, volteándose y
comenzando a caminar, solo para detenerse al oír a Miguel decirle a sus
espaldas
- Te aconsejo que le confieses a Marco lo que sientes.
Javier pensó un segundo en que podría responder pero en vez de
responder sarcásticamente o mentir, solo repitió sin mirar a Miguel:
- Lo intentaré.
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